Nápoles, Teatro San Carlo, 1959. Una nueva producción de Adriana Lecouvreur centra la atención en torno al coliseo partenopeo. El cartel da que pensar hoy día ante semejante reunión de monstruos sagrados: Renata Tebaldi es la diva, secundada por Franco Corelli, Giulietta Simionato y Ettore Bastianini.Pero alguien ofrece más. Lo mejor del reparto estaba por llegar de modo inesperado y gracias a una indisposición de Tebaldi, sustituida a bombo y platillo por Magda Olivero. Consecuencia: una noche mágica en la historia de la Ópera. El espectáculo, retransmitido por radio y televisión (¿podremos verlo algún día en DVD?), constituye un documento de valor inapreciable del rol más asociado con la Olivero, quien nunca pudo llevarlo a estudio.La auténtica primadonna veristaEn una época en la que se valora la recuperación de los estilos originales…
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