Lionel Bringuier y sus huestes de la Sinfónica de Castilla y León siguen demostrando en la nueva temporada su más que interesante evolución. Si en el concierto inaugural destacó una memorable Sinfonía Fantástica de Berlioz, aun por encima del personal -y a veces discutible- Concierto para piano n.º 1 de Chaikovski de Arcadi Volodos, esta vez exhiben su versatilidad en un programa estilísticamente complejo, con obras del repertorio checo escindidas por un tremendo concierto para piano de Esa-Pekka Salonen, estreno en España.En El Moldava se optó por los tempi rápidos y fraseo muy movido, siempre en arcos dinámicos marcados, un poco en blanco y negro, lo que no le viene mal a obra por momentos tan fogosa. Se nota que el director saca partido a los ensayos, y el resultado, sin ser espectacularmente novedoso o personal, casi siempre consigue…
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