Escalofriante e inolvidable fue la segunda de las veladas que Claudio Abbado y su Orquesta del Festival de Lucerna dedicaron a ese monumento sinfónico que es la Novena Sinfonía de Gustav Mahler. Una de esas noches que quedan clavadas en el oído, en la memoria y en la retina del melómano por mil y un detalles. Algo que es más que música, uno de esos conciertos con la capacidad de influir emocionalmente en la vida de quienes tienen la suerte de escucharlos en vivo.Resulta emocionante ver dirigir a Claudio Abbado, a sus 77 años y con una grave enfermedad más o menos superada. Y diría más, resulta especialmente emocionante verle dirigir precisamente esta obra, por la temática mortuoria que encierra y por la solemnidad casi religiosa con la que enfrenta estos casi noventa minutos de concierto. Es uno de los grandes, uno de los últimos…
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