En noviembre de 2007, con motivo del estreno absoluto de la pieza orquestal Lethe (1999), escribí una reseña cuyo título no dejaba lugar a dudas: Renovarse o (ser olvidado) morir, en la que básicamente reflexionaba sobre la encarceladora influencia que determinada tradición operaba sobre el aparato estético de Vázquez, fundamentalmente proveniente de la música rusa, y que parecía, en términos haroldbloomianos, no generar una mayor 'angustia' en el compositor gallego. En aquellas páginas sugería que si Octavio Vázquez no era quien de ir encontrando una voz y un estilo más personales, su música se sumergiría precisamente en ese Leteo al que se refería su obra, en un río del olvido que no es sino la muerte artística para un creador con vocación de trascendencia.
Pues bien, he de reconocer que acudía al estreno de este nuevo concierto con…
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