A la salida de un concierto tocado por algún conocido o amigo, suele dársele la enhorabuena: a veces, como expresión sincera; otras, como simple fórmula de cortesía casi universalmente aceptada. Cuando no te gusta, si puedes, se suele aplazar el saludo para mejor ocasión, mediante un sencillo proceder: no acercarse a menos de mil pasos de la puerta de camerinos ni del bar donde se reúnen después del concierto con una cervecita de por medio.Al final del Concierto de Reyes de la Barrié (los ciudadanos de A Coruña tenemos confianza para llamarla así), observé que esa palabra, "enhorabuena", provocaba una extraña reacción en el saludado: un gesto de estupefacción en unos; un fruncimiento de ceño en otros, que se podía traducir perfectamente por un “¿qué dices, insensato?” que ascendía claramente a “oye, ¿todavía te dura lo de Nochevieja,…
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