Caminar por La Habana siempre es un acontecimiento. Desde luego, para quien la camina por placer, para verla, para escucharla. Miles de veces la he caminado en ese tono, y cada vez es algo diferente. Durante tres semanas del pasado mes de julio volví a estar allá y ella nuevamente fue otra. La Habana, además de su hermosa silueta arquitectónica, hoy desvencijada y venida a menos, tuvo épocas en las que sonaba a todas horas; sin embargo, cuando me establecí en ella para siempre, en el año de 1970, ya eran muy pocos los lugares en los que se podía escuchar música en vivo.Perduraban algunos de los cabarets con grandes espectáculos; entre ellos, el eterno Tropicana; el Parisién, del Hotel Nacional; el Sierra Maestra, y el Turquino, en el Hotel Habana Libre -donde también estuvo el legendario bar Las Cañitas-; el Cabaret Rojo, del Hotel Capri…
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