Regresa Vasili Petrenko a Valladolid con una apuesta segura de gran repertorio y, como cabía esperar, vuelve a triunfar. Esta vez le tocó a la Sinfonía n.º 6 de Gustav Mahler, compositor en el que el director de San Petersburgo ya ha demostrado su valía (Quinta, Séptima, Novena). Su fogoso estilo, que sin duda bebe de la originalidad e intensidad de su compatriota Kirill Kondrashin, sabe templarse con ese fraseo de colores vieneses que trabaja con mucho mimo y la solidez de un armazón que incluso cuando no levanta el vuelo suena satisfactorio.Con una orquesta como la Sinfónica de Castilla y León y el actual régimen de ensayos las opciones están claras: o el director se "corta" un poco para intentar mantener el equilibrio, o se lanza y empieza a hacer algunos sacrificios que merezcan la pena y que justifiquen la visión general. Petrenko…
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