En la España barroca que encabezaba Felipe III, un sol de magnificencia, poder y esplendor brillaba por encima de todos -a excepción de su Sacra Católica Majestad- el de su excelencia Don Francisco Gómez de Sandoval (1533-1625), primer Duque de Lerma. Fue verdadero gobernante del reino, esto es, valido real que hizo del empeño por el honor y lustre de su estirpe nobiliar política de Estado, y que en su haber cuenta con haber detenido la sangría guerrera herencia de los austrias mayores, firmando la tregua con los Países Bajos de 1609, amén de expulsar a los moriscos en tales fechas. Forjado en las justas y lides cortesanas, consiguió su ducado -que conllevaba ser Grande de España- en afanosa búsqueda que devolviera a su Casa esplendores pasados perdidos de la mano de aquel brazo de hierro que fuera -sintomáticamente un precursor de su…
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