Cuando hace una década comenzaba a dar sus primeros pasos ese gigante vieiriforme que es la Cidade da Cultura de Galicia, muchos fuimos los que pensamos que tal proyecto de tintes megalómanos y escasa conexión con la sociedad gallega resultaba una seria amenaza para la dotación presupuestaria de toda una serie de instituciones dependientes, de un modo u otro, del erario público. Eran, en todo caso, tiempos de mayor bonanza económica (para algunos), previos a esta crisis generalizada (para casi todos), y pocos podían intuir el oscuro panorama que se cernía sobre unas administraciones que en apenas dos lustros claudicarían a los dictámenes del mercado financiero y la banca más antisocial. A estos aspectos se suma la llegada a la Xunta de Galicia de un gobierno de signo neoliberal, que unido a la inauguración parcial de la Cidade da Cultura…
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