En mi última crítica conquense [leer reseña] hablaba de la dicotomía entre escuchar la música dentro de su contexto y con la finalidad para la que fue creada o bien hacerlo lo más cómodamente posible con abstracción de otras circunstancias. El concierto con música de Bach que ahora me ocupa demuestra desde luego que la comodidad no tiene por qué ir pareja a su escucha en una sala moderna, en este caso dentro del edificio de la Fundación Antonio Saura, demasiado pequeña y dotada de unas sillas muy próximas y poco aptas para estos menesteres, pues no permitían esos movimientos básicos a los que el público de más de 180 cm de estatura tiene derecho en hora y media de concierto. La acústica tampoco benefició la mixtura de los distintos instrumentos, que sonaron demasiado inmediatos y expuestos. Por bueno que fuera el concierto, estos…
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