El año pasado vi por primera vez al osetio Tugan Sokhiev (Vladikavkaz, 1977) en un programa no especialmente exigente, pero me dio la sensación de ser un buen servidor de la música. Esta noche, dirigiendo una obra de enjundia y evidenciando su acertada comprensión de la misma, confirmé esa impresión: Sokhiev es un músico de los pies a la cabeza, o mejor dicho, de la cara a las manos. Su cara muestra una concentración imperturbable y sus ojos miran siempre fijamente al objetivo de sus indicaciones gestuales. No es de los que canta toda la obra con el coro, sino sólo aquellas palabras, aquellos versos en los que quiere subrayar una determinada intención.Intención que materializa con sus brazos y con sus manos. Sokhiev tiene uno de los gestos más claros, más elegantes, más variados y más expresivos de cuantos conozco de los directores en…
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