Galicia, esa nación minifundista de cainita localismo en progresivo suicidio demográfico, político y cultural, lleva, cual Sísifo sobre sus espaldas graníticas, una losa de reiteradas oportunidades dilapidadas montaña abajo, buena parte de ellas sin posible recuperación. La historia reciente del Festival Mozart es un ejemplo paradigmático, con el fugaz paso de un gestor como Paolo Pinamonti que a nivel artístico-musical había ampliado las perspectivas del festival más allá del decadentismo en que se había sumido una cita que carecía de un proyecto con personalidad definida. La marcha (o invitación a tomar la puerta de salida) de Pinamonti es uno más de tantos capítulos vergonzosos nunca del todo explicados a la sociedad gallega; y uno intuye que en su despedida han tenido mucho que ver esos grupos de poder fáctico y mediático de carácter…
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