Arranquemos a lo Carlos Fuentes para glosar un muy sintomático episodio matinal: Ves ese avión. Tú volarás en ese avión, intentando dominar tus temores atávicos. En el marasmo ferial en que se ha convertido el vuelo, aquel viaje antes cargado de un aroma ritual, reconoces un sonido. Esa música se ha programado para ti. Escucharás esa música, que te anticipará una jornada cíclica. Hay ¿coincidencias? que parecen dispuestas por las deidades esquivas a las que habéis usurpado su exclusiva atalaya sobre el teatro del mundo, cuyas minucias se desdibujan desde las alturas; quizás por ello os han dejado de prestar atención. Sigues y seguirás escuchando esa música que no deja de hablarte entre líneas, entre pentagramas, entre barras y emanaciones del recuerdo de un tiempo (pasado) en el que, como casi todos (lo creíste, como tantas cosas que no…
Comentarios