Hay algo que no deja de ser curioso: para cualquier gran operista, ciertos episodios de la vida de Francisco resultarían tentaciones irresistibles: su agitada vida anterior a la 'conversión' (y aun los primeros complicados años de esta), la fábula de cómo domesticó a un lobo en Gubbio, su tenso epistolario con su padre; y, sobre todo, su relación con Clara de Asís, que merece unas líneas en este apretado trabajo.
Chiara d’Assisi (1194-1253), doce años más joven que Francesco, pero mucho más longeva para aquellos tiempos (lo sobrevivió 27 años), nacida en el seno de la más alta aristocracia de la pequeña, pero destacada ciudad, convertida con la edad en la más gallarda y hermosa joven de Asís, oyó predicar al 'maestro', tras regresar este de Roma con la autorización provisional de Inocencio III, en la iglesia de San Rufino (a propósito:…
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