No es mala idea el terminar esta temporada moderadamente discutida de Mortier (una polémica tan previsible como una rima gastada, y por tanto sin mayor interés) con la añeja producción de Tosca debida a Nuria Espert, que fue incluso televisada hace unos años y que la mayoría de los aficionados conocerá al menos en cierto grado. La puesta en escena mantiene sus virtudes y defectos, aunque en líneas generales funciona sin mucho problema. Sí puede decirse que va de más a menos. El anticlericalismo que destila (los esbirros suelen llevar sotanas y los gestos de los omnipresentes curas no los dejan en buen lugar) es una opción que no desvirtúa demasiado el devenir de los acontecimientos, aunque desequilibra una de las dicotomías sobre las que Puccini articula la ópera: religiosidad perversa / sincera (la otra es atracción pervertida /…
Comentarios