El último día de los cinco que tuvo lugar la representación, me trasladó en su automóvil a la Casa de Campo un hijo mío, que vive y trabaja en Madrid. Yo había llegado, después del mediodía, en el AVE de Sevilla, y estaba impaciente por acercarme al lugar en el que (ya había leído varias reseñas) se desarrollaba el que muchos llamaban “acontecimiento”. Aunque mi hijo me dijo que íbamos sobrados de tiempo, accedió a satisfacer mi impaciencia. Resultado: a las 16.30, hora y media antes del espectáculo, estábamos en el territorio arbolado, con algunos edificios, un restaurante y, allá al fondo, muy controlado por los guardacoches, el Madrid Arena. Hacía un día con una temperatura muy agradable, para tratarse de mediados de julio en Madrid, y propuse a mi acompañante dar un paseo para hacer tiempo. Y allí estaban, montando puntualmente su…
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