El montaje de Carmen, de Georges Bizet (1838-1875, una de las óperas más conocidas del repertorio francés, en un puesta en escena “contemporánea” de Íride Martínez, estrenada el miércoles 3, en el Teatro Nacional (TN), me coloca en la disyuntiva de sopesar si se trata de un intento serio de actualización, que busca iluminar aspectos ignotos de la obra y la vuelve más vigente y moderna, o, si, por el contrario, la escenificación de la señora Martínez no pasa de ser la ocurrencia incoherente de una cantante experimentada, pero neófita en el arte difícil de la dirección teatral.En muchos aspectos, en su época el personaje de Carmen era ya precursora de la contemporaneidad femenina, porque se trata de una mujer independiente, que trabaja, que celosa de su libertad no se deja manipular por los hombres y, además, escoge a sus amantes.…
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