Pablo González es un director meticuloso y maduro, un director grande que tiene muy claro lo que quiere, aunque quizá no tanto cómo conseguirlo de una orquesta como la Sinfónica de Castilla y León. Este maratón musical del viernes 14 de octubre (dos horas y media de concierto) dejó muy a la vista que, con un nivel medio más que respetable, las cosas podrían haber salido mejor. ¿Habrían hecho falta más ensayos o mejor comunicación? No lo sé a ciencia cierta. El caso es que en el gesto de este director quedan muy patentes sus ideas, por ejemplo en la mano izquierda respecto al fraseo de la cuerda aguda; pero patente también es que no se le hizo mucho caso, sobre todo en detalles sutiles. Asimismo, la orquesta no pareció darlo todo en esos momentos de "entrega total" que el director exigió en la Leningrado (cuarto movimiento), pese al…
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