Pues repetimos la aventura “alpinista” en la Sala de Cámara del Auditorio (nunca he visto inclinación tan acentuada, salvo en algunas escaleras del metro de Praga -pero es que tiene que pasar por debajo del río Vltava, llamado por los alemanes Moldau, y por los traductores apolillados españoles Moldava-; un amigo alicantino me contó que el proyecto arquitectónico estaba en los papeles desde hace más de 20 años; cuando, por fin, se ha ejecutado, lo ha sido tal cual, de vértigo, sin accesos para minusválidos…). Una vez conquistado el asiento, es cierto que hay una ventaja: el espectador de delante no te quita la visión… Olvidamos que nos queda la “escalada” de salida (muchas personas se quedan en la localidad en el intermedio) y nos concentramos en el escenario. “Abre el telón” Íñigo Giner (Bilbao, 1980) con Cuaderno de notas (encargo del…
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