Pasó la Orquesta de Cleveland por este país en el que, según el CIS (barómetro de octubre), la llamada clase política está entre las principales preocupaciones de sus ciudadanos y las Fuerzas Armadas entre las instituciones mejor valoradas por los mismos (¡olé mi madre, olé mi suegra, olé mi tía!). Y en estos días de necesidad, lo hizo con un plan Marshall que traía no leche en polvo, sino oro. Oro molido. Tiempo aquilatado. Ese tiempo que no sólo es la duración física de cada sonido que produce la orquesta, sino la feliz percepción de todo el esfuerzo que hay delante de cada atril, la reveladora sensación (no por obvia, frecuente) de la historia personal de estudio y trabajo que aporta cada músico para conseguir, junto al resto, ese espléndido resultado, que, visto y oído así, no tiene precio y hace de un concierto una de las…
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