Mucho antes de que Pepín Fernández instaurara en Galerías Preciados el día de los enamorados, en Valencia y alrededores esa celebración se guardaba para cada nueve de octubre, festividad de San Dionisio Areopagita. Ese día el enamorado regala a su enamorada la mocaorà, un colorido pañuelo (mocador en valenciano) lleno de dulces de mazapán en forma de frutas y hortalizas, como las de la huerta valenciana, y dos de ellos con una explícita forma fálica y redondeada a modo de genitales masculino y femenino respectivamente. Con el tiempo, y el Estatuto de Autonomía de por medio, se decidió que ese sería el día “nacional”, ya que también un nueve de octubre de 1238 el rey aragonés Jaime I, el Conquistador, entró en Valencia -sin luchar, se añade siempre con orgullo-, arrebatando a los sarracenos la taifa de Balansiya. Lo cual se celebró…
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