No está mal pasarse de vez en cuando por alguna de las representaciones que organiza la productora Concerlírica, porque en ocasiones los cantantes de las compañías del Este deparan sorpresas agradables. Eso sí, hay que saber a lo que se va y no pedir calidades excelsas visual y auditivamente. En el caso que nos ocupa, hablamos de una Turandot en un espacio con escenario minúsculo (el restaurado Teatro Zorrilla de Valladolid), con un foso en el que parece imposible que se pueda meter una orquesta siquiera de cámara, una acústica clara pero seca y un público que al menos en cierto porcentaje no está acostumbrado a la ópera en directo (aplausos a destiempo, toses espasmódicas, móviles persistentes, comentarios -el tradicional "qué bonito es esto" al comienzo de ‘Nessum dorma’-, etc.).Bastante más grave que lo anterior, sin embargo, es el…
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