Desde que Lionel Bringuier dirige la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, siempre hay algún concierto en cada temporada en que puede disfrutarse de repertorio completamente francés, y este es uno de ellos. El director se encuentra claramente a gusto aquí, y también en la música contemporánea, por lo que no es de extrañar que lo más interesante de la noche fuera el Concierto para flauta y orquesta de Marc-André Dalbavie, obra que lo tiene absolutamente todo para triunfar: virtuosismo casi imposible, efectos de color sorprendentes (glissandi con efecto eco o espejo, por ejemplo), contrastes dinámicos muy marcados entre la cuerda y metales, estructuras repetitivas y diáfanas... Un ejemplo de obra actual, fácil y divertida.Ni que decir tiene que Bringuier gozó con la distinción de las complicadas texturas, y logró claridad y equilibrio…
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