El éxito obtenido el día anterior por Salonen y la Philharmomia Orchestra en un programa que unía igualmente Beethoven y Bartók, [ver crítica] sumado al aliciente de ser noche de viernes, contribuyó a la ocupación casi completa del ala derecha del anfiteatro reservada a los invitados de Movistar -empresa mecenas del Festival-, que había quedado casi vacía en los tres conciertos anteriores. Obviamente, estas 'calvas' en las salas de concierto, con las entradas de esa zona agotadas en taquilla, no contribuyen a la buena imagen de los festivales ni de sus mecenas. Las costumbres están cambiando y desde hace años en otros países de la UE es habitual que los invitados devuelvan a taquilla las entradas que no van a utilizar como muestra de civismo (así entran a última hora en numerosos teatros del mundo los jóvenes o los colectivos…
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