Definitivamente, algo está cambiando en la asistencia a los conciertos de la temporada Palau 100. Hace sólo unos pocos años, en plena época Millet, sería impensable un lleno en sábado por la noche y con Bruckner de plato fuerte. Y sin embargo, esta noche no cabía un alfiler, incluso en el palco de autoridades (en esta ocasión, más bien ex-autoridades). ¿La razón? El griterío al final del concierto, a pesar del ataque generalizado de toses tras el segundo movimiento de la sinfonía de Bruckner, daba la pista: no es que la filarmonía barcelonesa se haya vuelto bruckneriana, sino que la mitomanía puede con eso y con más. Pero bendita sea la mitomanía. Desde luego, Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942) sabe manejar bien el aparato mediático (aparición en el Telediario, entrevista a página entera en La Vanguardia), un honor cada vez más…
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