Es innegable el hecho de que cada vez que el director ruso Valery Gergiev entra en la escena local, causa expectación. Servidor lo ha escuchado ya varias veces, y siempre con la Sinfónica de Londres, orquesta con la que no defrauda. La velada de aquella noche, en cambio, resultó más expectante si cabe, al quedar bajo el paradigma de un sonido orquestal que suena pasado, evocando una suerte de añoranza de un mundo sonoro perdido, que muchos resumen en un “Ya no se dirige así”. Si además, se ofrecen en el mismo concierto los tres pilares esenciales de la producción balletística de Igor Stravinsky, por la orquesta de la que Gergiev es titular desde hace la friolera de 24 años, la del teatro Mariinsky, lo ofertado solo podía resultar digno de todo espectáculo. El concierto abrió con El Pájaro de Fuego, obra fechada en 1910, con la que el…
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