El problema de ser grabado en televisión reside en que lo positivo y lo negativo siempre quedan para la posteridad. En muchos casos, la amalgama de sensaciones y reflejos que nos deja el recuerdo, una vez sedimentada la información y sus enlaces, trae cierto bouquet agridulce que nos recuerda lo ocurrido aunque queramos olvidarlo. Así funciona la memoria, por medio de chispas repentinas de lucidez, fotos fijas en el tiempo que reconstruyen todo el espectro sensorial desde un eco y aroma terciarios, que nos hacen tener una vívida experiencia del recuerdo, tanto si es para sonreir como para sonrojarnos. Si en vez de que alguien nos recuerde las cosas lo hace un video grabado, el recuerdo puede materializarse de forma más fidedigna si cabe y recrearse en vivencia, tal y como ocurrió el concierto de abono Nº 6 de la OBC, emitido en stream en…
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