Un jugoso y consistente programa deparaba el nuevo encuentro entre el maestro Marc Soustrot y la Sinfónica de Sevilla, que han mantenido una feliz relación artística desde hace años. Aún recuerdo claramente, por ejemplo, el impacto de aquella Walkyria wagneriana del 2002, principalmente por la calidad tímbrica que el maestro francés logró extraer al conjunto hispalense. Precisamente el pastoso sonido y espectacular acople de su sección de viento hicieron justicia aquí a las interesantes Fanfarrias litúrgicas de Tomasi, en absoluto una pieza menor de entrada. La obra de Honneger, por momentos tan extrema en lo expresivo, acusó en ese sentido cierta irregularidad, no obstante la tensión casi agresiva que Soustrot logró imprimir a la cuerda. El maestro apareció para acometer, ya sin atril, una segunda parte “especialidad de la casa”: Ravel.…
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