Junio empezó musicalmente mal para en Londres. Ilustres agrupaciones orquestales como la Academy of Ancient Music y la Filarmónica de la ciudad se subieron a las barcazas para navegar el Támesis en celebración del Jubileo por los sesenta años en el trono de Isabel II pero, ¡ay!, llovió tanto que nadie pudo escuchar nada. También pasaron desapercibidas las obras comisionadas a varios compositores para esta risueña imitación haendeliana, pero la BBC marginó esta novísima música acuática a favor de una obsecuente cobertura de la Familia Real y sus cortesanos. En medio de tanto fervor monárquico también pasó desapercibida la celebración en la catedral de Coventry del medio siglo del estreno del Requiem de Guerra de Benjamin Britten, que fue transmitido en cambio por varios medios europeos. Las cosas comenzaron a mejorar cuando días después…
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