Fue toda una experiencia escuchar a este Quinteto, en la sala bien acondicionada del Castillo de Vila Fortuny: digo bien acondicionada, porque tanto la iluminación como la acústica no podrían haber sido más perfectas. El propio Mercadante lo reconoció, y agradeció nombrando los técnicos responsables con breves palabras.
Se trata de cinco músicos –cuatro argentinos y la violinista, catalana-, de un grupo muy homogéneo, que en torno a la milonga o el tango tejen unas sonoridades cautivadoras, que llegan inclusive a emocionar, como lo fue la versión extraordinaria de Adiós Nonino de Piazzolla, con melodía genial donde las haya, y que realmente deja su impronta sobre el oyente. También me llamó la calidad sonora del violín de Olvido Lanz, que venció algunos pasajes técnicamente difíciles con enorme seguridad y aplomo, y supo dar énfasis a…
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