Esta fue sin dudas una velada emblemática, de luna menguante, de encuentros culturales, de múltiples remembranzas, de cantos de ida y vuelta, una noche tranquila, de cielo encapotado e impredecible, a quinientos nueve años de aquella otra noche, también de viernes, pero de luna llena, en la que el genovés Cristóbal Colón, asombrado de todo, y del paraíso que eran estas tierras, descubrió que la realidad desbordaba los límites de su imaginación, descubrió, "en una isleta de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní"^ que había nuevas tierras por conocer. Fue un concierto de Temporada, en uno de los recintos más antiguos de la ciudad, en lo que fuera el Patio de la Real Audiencia, un espacio rodeado de paredes de sillares, de piedras de la colonia, donde se alzaron, inevitablemente, los destellos de la Historia. Se podía…
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