Precedida de una importante y lógica expectación, y no sin cierta polémica llegó la gira que suponía la segunda estancia del Festival de Bayreuth en el Gran Teatre del Liceu -habían visitado el coliseo catalán anteriormente en 1955, para representar varios títulos-, ahora para celebrar el bicentenario wagneriano. En esta ocasión, la visita incluyó cinco funciones de tres de los títulos ofrecidos en la última edición del Festival, esta vez en versión concertante: Der Fliegende Holländer, Lohengrin y Tristan und Isolde. Una visita que, como digo, no estuvo falta de polémica: por los elevadísimos precios de las entradas, y por los costes de la visita en sí misma, solo unos días después de una serie de despidos en la orquesta estable de la orquesta del teatro catalán; y después de haber tenido que cancelar fulminantemente parte de la pasada…
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