Teatro casi repleto -esta vez sí- para la única función dedicada a esa obra maestra wagneriana que es Tristan und Isolde. Una función de alto voltaje, emocionante y -a juzgar por quien esto suscribe- de largo el título mejor servido de entre los tres seleccionados por el Festival para su visita a Barcelona: hay que admitir que el reparto presentado -con sus más y sus menos- es difícilmente superable en los tiempos actuales, y que en el podio hubo un maestro de ideas claras, conocedor del estilo wagneriano y dispuesto a llevar el espectáculo a lo más alto. Los cuerpos estables de Bayreuth hicieron el resto, y después de cinco horas y media de función, el público estalló -esta vez sí, muy merecidamente- en ovaciones interminables. Fue una función donde la implicación de todos los artistas pudo sentirse, y donde la emoción auténtica fluyó…
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