A lo largo de este 2012 que encara su tramo final, he tenido entre mis lecturas dos muy recomendables textos que compartían a Alban Berg (Viena, 1885-1935) como protagonista: Alban Berg y sus ídolos, de Soma Morgenstern (Pre-Textos, 2002) y Alban Berg and his World, con edición de Christopher Hailey (Princeton University Press, 2010). De la lectura de ambos se deduce la enorme importancia que Berg concedió a su ópera a la postre testamentaria: la truculenta y maravillosa Lulu (1928-35). El trabajo de Morgenstern es especialmente prolijo en información sobre el proceso de búsqueda de un libreto que diese sustancia a la necesidad de Berg de adentrarse en un drama que reflejara de forma en absoluto displicente el bestiario humano de la posguerra, además de efectuar un importante salto adelante en cuanto a arquitectura musical, con una…
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