Después de un verano movidito, en el que se anunció la marcha del aún gerente Félix Alcaraz después de una brevísima estancia laboral en su ciudad natal, Valladolid, y un panorama en el que la mayoría de los ciclos están en el aire, no hay director titular, la crisis generalizada campa a sus anchas y afecta especialmente a las partidas culturales (entre otras víctimas), etc., etc., hay que reconocer que este principio de temporada se afronta con un ánimo extraño. El público de Castilla y León seguirá respondiendo ante su orquesta, y los distintos abonos lo ponen todo más sencillo, pero no es fácil disfrutar con esa sombra de permanente duda. Si hubiera director titular al menos habría un timón; pero la salida de Lionel Bringuier, sin recambio y al margen de quién fuera el culpable, fue un asunto dañino en su desarrollo y sobre todo en…
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