A comienzos de los años 1950, Edgar Neville atribuyó a la “terrible amenaza del Este” el impulso que llevó a la gente a cometer “el error de hacer trabajar a todos aquellos que no estaban hechos para el trabajo y que no harían más que quitar puestos a los que lo estaban.” Juzgaba el escritor y cineasta que se ponía así contra las cuerdas a una “profesión”, la de señorito, que hasta entonces “vivía de sus rentas, acudía a los centros de esparcimiento, luego formaba una familia y a las pocas generaciones había repartido la fortuna entre los que trabajaban.” Y que ese jaque al señorito tradicional dio origen a uno de nuevo cuño, al que, metido a trabajador, “ya era difícil, no solamente hacer perder sus bienes, sino que no acrecentase éstos, con lo cual nadie salía ganando”. Genial. (¿Sospecharía Neville hasta dónde podían haber llegado…
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