Dentro de la gran temporada de la OSCYL destaca este concierto como una apuesta segura por un par de motivos evidentes: música de súper-repertorio y un director reconocido de esos que es difícil encontrar al frente de esta orquesta, Semyon Bychkov, que sin embargo ya la dirigió hace años en un estupendo Lohengrin salmantino. Probablemente, su presencia obedece a la influencia intercesora -por decirlo de alguna manera- de su esposa, Marielle Labèque, pianista que últimamente ha disfrutado de reincidente actividad en el Auditorio de Valladolid. Aparte, en la temporada pasada un recital con Ferruccio Furlanetto, dirigido igualmente por Bychkov, hubo de ser cancelado. Por todo ello, se supone que había unas cuantas deudas que saldar (o equilibrar), y al final todos contentos -menos el jefe de contabilidad, probablemente-.
Porque con este…
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