No pocas veces he sugerido la conveniencia para la Compañía Lírica Nacional (CLN) de ofrecer versiones en concierto de obras dramático-musicales. Por un lado, los costos se reducen considerablemente, lo que hace posible varias presentaciones anuales de distintos títulos, en vez de uno solo. Al mismo tiempo, de ese modo se da oportunidad a los cantantes nacionales de extender su repertorio y foguearse más seguido, así como al público de conocer diferentes géneros y obras de teatro lírico, aparte de las cuatro o cinco óperas consuetudinarias en los escenarios costarricenses. La ausencia de una sana y coherente estrategia de repertorio de parte de la CLN se ha debido, mayormente, al diletantismo que ha campeado en su gestión, a menudo a cargo de cantantes con interés de figurar en los montajes y, más grave aún, a la falta de metas claras en…
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