Ninguna de las interpretaciones de la Novena Sinfonía de Beethoven que hayamos escuchado a la Orquesta de Córdoba en sus veinte años de andadura (este mismo 2012 se han cumplido) han sido redondas. Bien es verdad que casi todas tuvieron algún punto de interés. Por citar ejemplos, desde la analítica de Leo Brouwer, la efectista de Elena Herrera (en la Mezquita) o la belleza tímbrica del propio Hernández Silva hace cinco años, todas ellas siempre han adolido de mayor o menor irregularidad. Y es que la Novena de Beethoven es piedra de toque para cualquier conjunto orquestal, para cualquier director musical. En la ocasión que nos ocupa, adelantemos ya el factor vocal a todas luces insuficiente que ensombreció sin duda la sensación final de una interpretación in crescendo en cuanto a interés y energía. No estuvieron a la altura de la obra ni…
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