Es una suerte que Pilar del Castillo haya depositado la gestión cultural en el poeta Luis Alberto de Cuenca. De no haber sido así, a esta hora España sería el escenario de una batalla campal entre operófilos, barrocófilos y seguidores de Cristóbal Halffter. Nunca anteriormente, que yo recuerde, una ministra de Educación, Cultura y Deportes había logrado semejante consenso en tanta y tan variopinta protesta.Esa manía tan española de dejar la cultura en mano de poetas, trapecistas o saltimbanquis, al final nos ha dado sus frutos. Ya el anterior ministro de lo cultural, Mariano Rajoy, dejó la cosa en manos de su secretario de Estado, Miguel Ángel Cortés y se dedicó él a la Educación, mientras Miguel Ángel tapaba todas las goteras de los conventos de España. Ahora Rajoy se dedica a dar explicaciones en el Congreso de cómo un coche-bomba…
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