Si las obras con una longitud considerable son un reto para cualquier cantante, hacer un recital basado en miniaturas en forma de canción es una proeza. Porque cada vez que se afronta una nueva pieza, teniendo en cuenta que algunas de ellas duran minuto y medio, hay que cambiar el chip en la cabeza y recomenzar la interpretación de cero. Y eso requiere un verdadero ejercicio de concentración, algo que no le faltó a la soprano navarra María Bayo el pasado sábado en el Maestranza.
El público la esperaba ansioso, por eso la sala estaba prácticamente llena. Y ella tenía ganas de reencontrarse con el público sevillano –con cierto descaro le dejó caer a Pedro Halffter que quiere volver al Maestranza pronto durante la presentación del concierto-. Fue una noche en la que hubo una clara comunicación: entre pianista y soprano, y también entre…
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