De nuevo el Auditorio Nacional abrió sus puertas para que el público adicto al sinfonismo ocupara su lugar correspondiente. La sesión prometía, y lo hizo, alargarse hasta ciertas horas en las cuales lo mejor es estar reclinado en un buen sillón para poder afrontar con fuerza el quehacer del dia siguiente. Y digo que lo hizo porque se había programado esta velada para comenzar a las 10:30, la verdad es que una extravagante hora para asistir a este tipo de eventos, y el programa con el que se iba a obsequiar al público podría doblegar a un mero asistente curioso hasta dejarlo rendido en la butaca: un gran programa, muy espectacular, pero a la vez duro de mascar; a éste le sumamos esos bises que nos brindó el solista al piano y la orquesta, cada uno por su lado, al terminar la primera y la segunda parte respectivamente. Con lo cual nos…
Comentarios