Sol Gabetta siempre me gustó mucho en disco, desde que la escuché en aquel ya añejo álbum de Deutsche Grammophon que contenía obras de Saint-Saëns, Chaikovski y Ginastera. En estudio salen a la luz todas sus virtudes, que pasan por un control exquisito del fraseo, siempre planificado al milímetro, y sobre todo, y más generalmente, una visión invariablemente rigurosa de las obras, sin ningún tipo de excentricidad. Cualquier autor o estilo, dentro de los que Gabetta frecuenta, recibe de ella la máxima seriedad, y la clave de esta glosolalia musical parte de un inmaculado equilibrio entre el estudio y la imaginación. En directo felizmente se aprecia todo esto, aunque se debe señalar un problema: ya en disco se intuye que la argentina no logra precisamente un torrente sonoro de su Guadagnini, y en una gran sala de conciertos como el…
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