No es fácil obtener un gran éxito con el Concierto para violín de Benjamin Britten, porque dista de sonar como una obra que pueda provocar complicidad en ese tipo de público que conoce a clásicos y románticos y disfruta de sus melodías: en este sentido puede pensarse que el concierto podría sonarle adusto. Pero, como ocurre siempre en las obras de madurez de Britten, cualquiera tendrá la sensación, nada más comenzar, de que está ante algo grande, algo serio y algo que trasciende cualquier incomprensión, cualquier afición o gusto.
Britten es incómodo porque no es que exija un esfuerzo, es que no da otra opción que hacerlo o largarte. Nuestra atención es encadenada: nada de excursiones o lagunas. Por ello, es fácil que el público al final se encuentre a) demasiado exhausto como para aplaudir con ganas debido a una música que traspasa con…
Comentarios