Ni producto de conservatorio, ni de tablao gitano. Tira por la calle de en medio, como espectáculo fusión. Una joven cantaora de flamenco, micrófono en ristre, y una reputada pianista clásica. La segunda no queda relegada al mero papel de acompañante. Tanto monta, monta tanto. O, por mejor decir, la pianista adquiere por momentos un mayor protagonismo. Se establece un sugestivo contraste en el atavío de las artistas: frente al sobrio y oscuro dandismo, a lo Georges Sand, de Torres-Pardo, la cantante luce un vestido que realza sus curvas. Ambas abordan un repertorio que, si bien pertenece al folclore del 98, por su grado de estilización, y también por su carácter híbrido, de mestizaje de ambientes, se presenta como un puente entre tal tradición y un cosmopolitismo muy actual. Se interpretaron obras de cuatro compositores españoles:…
Comentarios