Chile

Inolvidable versión de Billy Budd

Susana Desimone

viernes, 6 de septiembre de 2013
Santiago de Chile, lunes, 26 de agosto de 2013. Teatro Municipal. Billy Budd, ópera en dos actos y siete cuadros de Benjamin Britten. Dirección de escena: Marcelo Lombardero. Escenografía y proyecciones: Diego Siliano. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Elenco: Craig Verm (Billy Budd), Roger Honeywell (Capitán Vere), Andreas Bauer (John Claggart), Leonardo Neiva (Mr. Redburn ), Arttu Kataja (Mr. Flint), Homero Pérez Miranda (Mr. Ratcliffe), Alexey Lavrov (Donald), Gonzalo Araya (Squeak), Leonardo Estévez (Dansker), Sam Furness (El novato), Adam Cioffari (Amigo del Novato), Pedro Espinosa (Red Whiskers), Carlos Guzman (Arthur Jones ), Patricio Sabaté (Contramaestre), Sergio Gallardo (Primer cabo de mar), Arturo Jiménez (Segundo cabo de mar), Nicolás Fontecilla (Vigía), Pablo Oyanedel (Marinero), Teseu Camps y Santiago Montero (Mozo de Cabina). Coro de Niños The Grange School. Dirección: Claudia Trujillo. Coro del Teatro Municipal. Dirección: Jorge Klastornick. Orquesta Filarmónica de Santiago. Dirección: David Syrus

Billy Budd, estrenada en el Covent Garden de Londres en 1951, está basada en una novela corta del mismo nombre de Hermann Melville, de origen estadounidense, muy conocido por su obra más célebre: Moby Dick. El libreto estuvo a cargo de E. M. Forster y Eric Crozier y transcurre íntegramente a bordo del galeón Indómito en 1797 y con un elenco masculino en su totalidad.

Eran aquellos tiempos en los cuales comenzaba a sentirse la influencia de las ideas triunfantes en la Revolución Francesa de 1789, lo que provocaría en muchos navíos ingleses los motines que se organizaban debido al trato inhumano y las durísimas condiciones de vida a bordo que debían soportar las tripulaciones. 

La ópera comienza con un prólogo en el que se presenta el capitán Vere ya viejo, de espaldas a la orquesta y frente al público, recordando los antiguos sucesos que acabaron con la vida de Billy. También concluirá con un estremecedor final en el que el mismo Vere reconoce la inocencia del joven y recuerda la maldad del Maestro de Armas John Claggart.

Estos tres personajes sobrellevan de modo impecable el peso de la historia y están, en el caso de Billy, a cargo del joven barítono Craig Verm, en el del Capitán a cargo de Roger Honeywell, y en el de Claggart a cargo del bajo alemán Andreas Bauer.

Digamos que, más allá de las apenas sugeridas connotaciones homosexuales de Billy Budd, se describe en el texto una verdadera confrontación entre las nociones del bien y el mal, perfectamente representadas en cada uno de sus protagonistas.

Así, Billy Budd es una criatura angelical, de gran belleza, enamorado de la vida, felíz con su trabajo y de trato gentil y cordial hacia todos los que lo rodean, a pesar de las circunstancias desgraciadas de su vida. En efecto, no sabe cuándo nació, vivió una infancia traumática y padece una tartamudez que dificulta su trato.

Esas características resultan intolerables al Maestro de Armas John Claggart, a quien parecen resultarle insoportables la belleza y la cordialidad de Billy, aunque quizá esas dotes también lo seduzcan. Por ello, probablemente, lo detesta desde el mismo instante en que éste se incorpora a la tripulación del Indómito.

Entre tanto, el capitán Vere se debate con la necesidad de mantener la disciplina a bordo a cualquier precio, aunque ello termine creándole un conflicto con sus propias convicciones sobre la inocencia de Billy, víctima de las intrigas de Claggart.

Todo el elenco, integrado por cantantes argentinos y chilenos, desarrollaron una extraordinaria labor. Grandes escenas corales se alternaron con momentos de profunda emoción, de gran teatralidad. Y debe subrayarse que todos los cantantes exhibieron no sólo grandes voces sino también excelentes interpretaciones actorales.

La orquesta, de dimensiones casi mahlerianas, estuvo magníficamente dirigida por David Syrus, de tal modo que la partitura de Benjamin Britten atravesó momentos de intenso dramatismo así como también reflejó la enorme tensión entre los personajes y en cada uno de los episodios vividos a bordo. Exquisitos detalles sonoros y variaciones según el desarrollo de la historia, llevaron al público a seguir con gran emoción la trama argumental.

El mismo David Syrus expresó en un reportaje que “hay momentos de mucha percusión, así como segmentos silenciosos … y hasta una suerte de canción de cuna para las cuerdas y los vientos de madera bajos cuando Billy aguarda su ejecución”.

En este punto debe destacarse la labor del Coro del Teatro Municipal dirigido por Jorge Klastornick, así como también la del Coro de Niños bajo la dirección de Claudia Trujillo, que actuaron y cantaron con naturalidad y desenvoltura. Y cabe recordar que la intervención del coro eleva la tensión dramática cuando toda la tripulación se dispone a librar un combate contra las fuerzas militares francesas que, finalmente, no se produce a causa de la niebla, que aparece y se va diluyendo en otro alarde escenográfico.

Un párrafo aparte merece la puesta en escena de Marcelo Lombardero, quien ha logrado una de las creaciones más brillantes de su repertorio lírico. Contó, desde luego, con un equipo de sus más estrechos colaboradores. Aquí cabe mencionar a los argentinos Luciana Gutman, creadora de un vestuario propio de la época, de gran naturalidad, sin extravagancias. A José Luis Fiorruccio en la iluminación y a Diego Siliano en la escenografía y proyecciones visuales.

La conjunción de estos excelentes profesionales nos permitió contemplar al galeón en distintos ángulos, según las escenas representadas, pero siempre con el fondo iluminado del mar cuyas tonalidades cambian según la hora del día. El Indómito es el único escenario en el que se desenvuelve la historia con un mar siempre presente, a través de la luz o de las proyecciones.

Particularmente impresionante resulta la escena de Billy, condenado a muerte, aguardando su ejecución en una escotilla a manera de celda, mientras la luz del exterior se filtra a través de un enrejado. En esa escena, es reconfortado por el marinero Dansker, (el argentino Leonardo Estévez) quien le da de beber y le explica que toda la tripulación, convencida de la injusticia de su condena, está dispuesta a amotinarse para apoyarlo, pero el muchacho -ya resignado- no espera ninguna salvación. Billy bendice al capitán al pie de la horca que se ha levantado en la cubierta, lo que intensificará la lucha interior entre el sentido del bien y del mal que acosará para siempre a la máxima autoridad del galeón.

La música que escuchamos en estos dos últimos cuadros es de una fuerza y una belleza difícil de describir con palabras. Cuando aparece el capitán Vere en la platea, y recuerda lo vivido concluyendo su relato, una nueva conmoción se apodera de los espectadores.

Finalmente, una proyección sobre el telón nos permite divisar entre el suave movimiento de las corrientes marinas, el cuerpo de Billy Budd que ha sido arrojado al mar tras su ejecución.

En resumen, un espectáculo inolvidable, que puede considerarse un verdadero homenaje a Benjamin Britten en el año del centenario de su nacimiento, coincidente en este año 2013 con los bicentenarios de los nacimientos de Verdi y de Wagner.

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