Después de la maravillosa experiencia con Eliahu Inbal hace unos días, otro director con buen bagaje internacional vuelve a dirigir a la OSCYL, y el resultado vuelve a ser bueno, aunque no al nivel anterior. En el estupendo programa destacaba a priori la Sinfonía núm. 2 de Franz Schmidt, poco habitual por estos lares e interpretada por primera vez por la orquesta. La obra tiene partes realmente difíciles, y aquí quien más se resintió fue la cuerda aguda, cuya afinación se vio comprometida sobre todo en algunos rápidos intervalos. El gasto de energía de los profesores fue excepcional, máxime cuando todo ese esfuerzo a veces no luce lo que debiera debido a una escritura muy densa, difícil de clarificar.
Precisamente Bychkov no se preocupó mucho de esto en el primer movimiento, que sonó algo monolítico y confuso. Hubiera sido deseable un…
Comentarios