Pocas ocasiones definen mejor la solidez profesional de una casa de ópera alemana que las funciones de repertorio. En este caso mi presencia casual en Hamburgo y la pronta eficiencia de la oficina de prensa me permitió asistir a un Fidelio en la ópera estatal que brilló primeramente por la excelente orquesta de la casa bajo la dirección de Jun Märkl, que impuso tiempos rápidos y una expresividad apoyada en un brillante y diferenciado cromatismo.
En el reparto hubo una sola sorpresa negativa: el normalmente excelente Stephen Gould volvió a exhibir su cálido y bien articulado timbre en el registro medio, pero demostró, fallando una y otra vez, no tener, por lo menos en la noche que me tocó presenciar, las notas agudas que acompañan la visión de su ángel y exaltado dúo con una Leonore de gran calibre, Katja Pieweck. Difícil…
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