Bélgica

Lady Macbeth del distrito de Mtsenk

Agustín Blanco Bazán
miércoles, 9 de abril de 2014
Amberes, viernes, 21 de marzo de 2014. Ópera de Flandes. Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, Ópera en cuatro actos con libreto de Alexander Preis y Dmitri Shostakovich, y música de Dmitri Shostakovich. Regie: Calixto Bieito. Escenografía: Rebecca Ringst. Vestuario: Ingo Krüger. Iluminación Michael Bauer. Dramaturgia: Bettina Auer. Ausrine Stundyte (Katerina), John Tomlinson (Boris), Ludovit Ludha (Zinovi), Ladislav Elgr (Sergej), Liene Kinča (Aksinja), Kai Rüütel (Sonjetka). Coro (Preparador del coro: Jan Schweiger) y orquesta sinfónica de la Opera de Flandes bajo la dirección de Dmitri Jurowski
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El cartero siempre llama dos veces, también para Katerina Izmailova, en la regie de la Lady Macbeth de Shostakovich preparada por Calixto Bieito para la Ópera de Flandes. La cárcel de esta mujer, atrapada por un marido impotente y un suegro abusivo, es una blanquísima cocina americana donde al comienzo la vemos vestida en elegante violeta. Su suegro Boris reina en el piso de arriba frente a una pantalla de televisión donde ve porno con su esclava sexual, esa Aksinja que acaba de ser abusada por los trabajadores de la planta industrial de suelo barroso que circunda la vivienda. En una acción de un pulso cinematográfico digno de ese Shostakovich que acompañaba al piano y componía partituras para películas mudas, los hombres contaminarán progresivamente la blancura de la cocina y el living de Katerina hasta el momento de un magistral golpe de teatral: la vivienda deja finalmente de protegerlos a ella y su amante Sergej cuando éstos son deportados a Siberia, y en instantes la turba de trabajadores la desmonta totalmente a telón abierto.

Es esta una de las más logradas puestas de Calixto Bieito, un regisseur de radical honestidad para proponer interpretaciones que, gusten o asqueen, siempre dejan huellas en la representación de conflictos humanos cuyo interés nunca debe ser histórico o puramente representativo sino medularmente actual. Su visión de Katerina corresponde estrictamente a la opinión de Shostakovich de “una mujer bella, vigorosa y de talento, que perece en el ambiente cruel y atroz de la Rusia de los mercaderes y los siervos… Yo interpreto a Katerina Izmailova como poseyendo una naturaleza compleja y trágica. Es una mujer afectiva, y profundamente sensitiva que de ninguna manera carece de sentimientos.” El apodo de “Lady Macbeth” cabe pues poco, tanto en la visión de Shostakovich como en la de Bieito. O tal vez pueda decirse como lo hizo Leskov: “…los hombres del lugar decidieron apodarla como la Lady Macbeth del distrito de Mtsensk.” Los hombres, no las mujeres.

La explicitud sexual de esta producción es tal vez la única adecuada para alcanzar mejor que en ninguna otra los extremos de la partitura original. Bieito aplica cánones hoy familiares en cine y teatro pero que inquietan todavía a algunos operómanos, tal vez mas partidarios de censurar como lo hizo el director de la filmación protagonizada por Galina Vishnevkaya: “¡Galina Pavlovna, su hombro está desnudo. Cúbraselo con su camisa … ponga la frazada sobre sus pechos! … Sí … así está bien … Artem … no la toque… ¡ No podemos darle el gusto de ofender la sensibilidad del pueblo!. Cámbiese de camisa ... Asi está mejor. ¿Listos? … ¡Galina Pavlovna, su hombro está desnudo de vuelta! ¡Cúbraselo! … ¡Luz, sonido, cámara! … ¡Paren! ¡Paren! ¿Donde está el director asistente? … ¡La camisa de Sergej está desabrochada … Su pecho es velludo! ¡Aféiteselo inmediatamente! ¡ Estamos haciendo una película para las masas trabajadoras, no para maníacos sexuales!" Como era de esperar, Bieito descubre más que el hombro de la protagonista para mostrarla tratando de calmar su calentura arrojándose cubitos de hielo sacados de la nevera y finalmente entregándose a Sergej en penetraciones donde brutalidad, apasionamiento y ternura se combinan como en las mejores películas, desde Bergman hasta von Trier.

Momento de la representación de 'Lady Macbeth del distrito de Mtsensk' de Shostacovich. Dirección escénica: Calixto Bieito. Dirección musical: Dmitri Jurowski. Ámberes, Ópera, marzo de 2014

Dos cantantes artistas extraordinarios ayudan a esta transformación cinematográfica de la ópera. La lituana Ausrine Stundyte es una soprano lírica de voz a la vez cálida y penetrante, con passaggio seguro, colocación brillante de agudos y articulación de una expresividad capaz de hacérnoslo entender todo, aún en el caso de quienes no entendemos el ruso o los subtítulos en flamenco. Y su capacidad para despertar simpatía desde un comienzo es uno de los aportes más originales de esta versión. Sus sentimientos están tan a flor de piel como para balancear el aspecto trágico con el satírico con una pericia similar a la orquestación. Abierta y con toda la fuerza de proyección eslava requerida es la voz del checo Ladislav Elgr, un Sergej casi infantil en sus extremos de sensualidad y cinismo. En contraste con el supremo erotismo de sus primeros encuentros, la visión de ambos, ella vestida de novia y el de smoking, tristes y ansiosos en su cocina americana antes de la boda, es un hallazgo más entre los muchos de esta regie, siempre empeñada en mostrar cualquier gesto o actitud como salidos de la música misma.

Momento de la representación de 'Lady Macbeth del distrito de Mtsensk' de Shostacovich. Dirección escénica: Calixto Bieito. Dirección musical: Dmitri Jurowski. Ámberes, Ópera, marzo de 2014

Factor esencial de este logro es la eliminación de esos comentarios visuales paralelos que frecuentemente distraen la atención de la acción dramática en algunas puestas anteriores de Bieito. En ésta la focalización de conflictos es estricta y diferenciada. Histrionismo y buena voz fueron también las cualidades exhibidas por John Tomlinson, un suegro de exultante crueldad y dominación hasta el momento de despatarrarse, luego de probar los hongos envenenados con una delicadeza de gourmet. Y también los cameos, desde los trabajadores hasta el comisario y el Pope lograron apoderarse de la escena con buena voz y una personalidad agresivamente delineada. Entre ellos, junto la Aksinja de Liene Kinca, merece una mención especial Kai Rüütel, cuya Sonjetka realza el final librando una feroz escena de pugilato con Katarina.

Momento de la representación de 'Lady Macbeth del distrito de Mtsensk' de Shostacovich. Dirección escénica: Calixto Bieito. Dirección musical: Dmitri Jurowski. Ámberes, Ópera, marzo de 2014

Como en otras puestas recientes, Calixto 'encuadra' (literalmente) la escena en la precisa geometría de una instalación de Rebecca Ringst. Cuando tuve oportunidad de reseñar su Fidelio [leer reseña], expresé mis reservas sobre este tipo de 'cuadraturas' capaces de atentar contra la 'redondez' a veces requerida por algunas. Numerosas escenografías han acertado o errado en este tipo de esquemas de casa de muñecas, cuya expresión mas lograda sigue siendo, creo, la Cenerentola de Jean Pierre Ponelle. En el caso de Fidelio, la deslumbrante instalación de Ringst junto a la compleja visión psicológica y literaria de Bieito oscurecieron la regie de personas. No así con esta Lady Macbeth de óptimo equilibrio entre la instalación y la nitidez de la narrativa teatral. A lo cual podría acotarse que mientras Fidelio es una ópera de valores y acción teatral defectuosa frente a la cual pocos regisseurs saben que hacer, Lady Macbeth propone una acción sin bagajes filosóficos o morales capaz de afectar la regie de personas. Finalmente no hay regisseurs capaces de hacerlo todo convincentemente y es a través de diferentes puestas que un espectador debe sacar lo rescatable de cada una. Y es en este sentido que Calixto Bieito se ubica en la línea de los más destacados regisseurs contemporáneos: luego de caído el telón sobre cualquiera de sus producciones, uno se lleva siempre a su casa personajes y conflictos cuya expresión teatral no son sino un mero reflejo de la condición humana. Es a partir de allí que la ópera deja de ser un acartonamiento con firuletes vocales para transformarse en un arte vital.

Con tiempos rápidos y una lectura cromáticamente brillante y diferenciada, el director de orquesta Jurowski mantuvo un impulso verdiano en su énfasis y su lirismo a lo largo de toda la obra, que aún en sus pasajes más melódicos siempre pide una intensidad urgente y exenta de complacencias. Excelente la orquesta de esta casa. Y también ese coro que tanto barro tuvo que juntar en sus botas mientras cantaba en medio del lodazal continuo hasta la casa de los Izmailov.

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