Este concierto de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, OSCYL, constituyó un gran éxito, dada la alegría de un público que en parte parecía acudir influido por el efecto mediático del violinista taiwanés Ray Chen, y por lo tanto se intuía una clara predisposición al disfrute –acudió gran cantidad de gente joven y el auditorio apareció prácticamente completo–. La realidad después fue bastante decepcionante para quien escribe estas líneas, pero el desaforado entusiasmo de los asistentes al menos sirvió para que Chen tocara de forma sublime un capricho de Paganini; también un Bach bastante mediocre, aunque al menos con Paganini todo lo anterior mereció la pena.
El indiscutible punto fuerte del violinista es su insultante dotación técnica: hace de forma prácticamente perfecta todo lo que se le pueda pedir. Me dejó especialmente asombrado…
Comentarios